Mirar con los ojos de un niño (2)

  • Relajarse puede cambiar el cerebro.

Nuestro cerebro no está programado para hacer muchas cosas a la vez. El multitasking del cuál hablamos ayer, no le beneficia en absoluto, pues le pone en un estado de estrés. Las diferentes áreas del cerebro, involucradas en llevar a cabo diversas tareas, empiezan una lucha interior para determinar a quién obedecer. Si la actividad en un área aumenta, la de otra disminuye. Por ello está prohibido llamar por teléfono mientras uno conduce. Si nos dedicamos a una sola actividad con plena conciencia, el área del cerebro donde se hallan las emociones positivas muestra mayor actividad. Por tanto, nos hace sentirnos bien y felices. Relajarse a diario una media hora durante ocho semanas ya produce cambios en el cerebro. La masa del hipocampo, un área específica para aprender y memorizar, aumenta, mientras la densidad en la amígdala, área donde se hallan los miedos, disminuye. Por tanto, tenemos mejor concentración y menos estrés y sentimos más felicidad.

  • 5 lecciones para aprender de los niños.

 1. Vivir el momento. Entrena varias veces al día la atención total, viviendo un determinado momento con todos los sentidos, sin pensar en mañana ni en ayer. Si tus pensamientos se alejan, vuelve al momento actual. Ocasiones idóneas para practicar esta habilidad son el paseo, el baño, la comida o la hora del cuento al niño.

 2. Soltar los prejuicios. Contempla algo sin pensar en “bien” o “mal”. El niño ve de manera distinta a nosotros las situaciones, como, por ejemplo, un vagabundo pidiendo dinero. Ve su indumentaria, su perro, el cartel. Se asombra, pero no le critica. Acepta que cada acontecimiento y cada situación tiene un significado.

 3. Disfrutar de lo pequeño. Como ir descalzo por la arena o la hierba, escuchar el canto de los pájaros y sentir los rayos del sol.

 4. Fluir con el momento. Si tienes una mañana libre, no hagas ningún plan, déjate llevar por lo que surja y te apetezca en cada momento. Ir con el flow (con tu energía) te permite conectar contigo mismo, algo sumamente satisfactorio.

  5. No hacer nada. Túmbate en el sofá y no hagas completamente nada, como un niño que se aburre. Tu cerero en esos momentos no es perezoso, al contrario: desciende a un nivel más profundo de tu conciencia, en el que brotan nuevas ideas y ocurrencias. Este slow thinking (pensamiento lento) es muy relajante.

Con este mini post, acabo el post completo de “Mirar con los ojos de un niño”. De todo corazón espero que os haya gustado y que os sirva de provecho.

Hasta la próxima y no olvides compartirlo o comentarlo. Entre todos podemos hacer una vida mejor.

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