Tengo derecho a equivocarme (1).

Mucha gente vive atormentada o paralizada por sus errores. Pero todos nos equivocamos. Reconocer nuestros errores es la mejor manera de sentirnos más libres y, a la vez, aprender.

Todos tenemos derecho a equivocarnos, todos. Pero muchas personas viven el error de una forma casi patológica. Se culpan de forma excesiva por los fallos cometidos, y tienen miedo de equivocarse que prefieren no tomar decisiones, no arriesgarse, no vivir plenamente.

Hay personas que siempre piensan que van a fallar. Viven en un malestar continuo, porque vivir nos obliga a tomar decisiones cada día. Desde las más importante (“¿Rompo con mi pareja?”, “¿Cambio de trabajo?”, “¿Emigro a otro país?”) a las más rutinarias (“¿Qué jersey me pongo?”, “¿Me quedo en casa o salgo con los amigos?”, “¿Me cambio de móvil o no?”). Las personas dubitativas evitan las decisiones, lo que reduce su desazón momentáneamente. Ese malestar volverá a aparecer, porque regresará la necesidad de tomar decisiones. No tiene sentido pretender no equivocarse nunca. Pero mucha gente, aunque racionalmente sepa que es normal cometer fallos, se hunde al sentirse responsable de uno. Ya sea por baja autoestima, por miedo a no sentirse valorados por los demás o por una elevada autoexigencia y perfeccionismo.

LA CULPA Y LOS VERDADEROS DESEOS.

Sentirse culpable por las equivocaciones que se arrastran es una especie de cadena perpetua para muchas personas. Un psicoanalista decía que la culpa nace de haber cedido al deseo. La culpa sería, en este sentido, una especie de traición a uno mismo. Y sentirse siempre culpable por los errores sería un síntoma de que, quizás, no se está en el camino que verdaderamente se desea. Esos exámenes que nunca se aprueban, esas citas que nunca funcionan con esa persona, ese empeñarse en complacer a los demás… Es interesante ver si eso en lo que fallas continuamente tiene que ver con tus deseos o tiene que ver con un ideal o los deseos de otro. Tropiezos que nos alejan del objetivo que nos hemos marcado, pero que, tal vez, no deseamos. Por eso, cuando deseamos de verdad nada nos frena, nos saltamos los errores, lo ponemos todo a nuestro favor.

“¿CÓMO ME HAS LLAMADO?”

Algunas equivocaciones desvelan nuestro lado más desconocido. Olvidos (“Vaya, tenía ganas de verte, pero olvidé nuestra cita”), lapsus (“¿Has dicho el nombre de tu ex en lugar del mío?” y otros descuidos que “muestran algo que se quiere ocultar, porque se considera intolerable”. Este tipo de errores nos colocan en situaciones muy embarazos. Aunque, por otro lado, nos están dando mucha información sobre nosotros mismos. Hablan de los deseos más profundos de una persona (como que no tenía ganas de ver a su amigo, y por eso olvidó la cita o que, por alguna razón todavía tiene a su ex en mente).

Hola, buenas tardes. En el día de hoy os dejaré el principio de un artículo que terminaré de publicar mañana, la parte más interesante ya que os dará unas pistas de como aprender afrontar estas equivocaciones que todos podemos cometer. Espero que el de hoy os enganche un poquito para que estéis a la espera del siguiente.

Hasta la próxima y no olvides compartirlo o comentarlo. Entre todos podemos hacer de una vida mejor.  

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